🌱🌟 “Plein air” Palau Robert 

Antes de empezar los cursos de verano tuve la ocasión de salir a pintar. Con la edad y las circunstancias de la vida he modificado muchísimo mis hábitos hacia una experiencia más plena y lenta.

Tener una hora de tiempo sin compartir con nadie es un lujo.

El lujo tiene que ver con la individualidad de pasear y detenerte en algo que te conmueve en ese momento, es mi arte terapia cuando no voy a las sesiones y necesito desconectar. Me he acostumbrado a hacer reflexiones al pie de mis obras expresionistas y es algo que amplía el espectro del viaje endógeno.

Reunirse con una comunidad de dibujantes para obligarte a dibujar una u otra cosa condicionado por una premisa del orientador hace que actuemos por impulsos externos, dados, recomendados, impuestos.

Cada vez más encuentro que las soluciones a nuestras obsesiones son en realidad no preocuparse por ellas, dejarlas pasar. La mayoría de estas preocupaciones son exógenas y nuestra capacidad de sanación interior silenciada.

Mi única motivación, es ampliar mi repertorio artístico para poder dar mis clases con más herramientas y la lectura parece que no tiene nada que ver con el arte, pero amplia el espectro que es una barbaridad.

En mi lectura de hoy me he encontrado con una frase danesa:

Pyt med det es una popular expresión danesa que significa "no te preocupes", "olvídalo" o "no pasa nada".

Esta es una imagen del viaje que hicimos el año pasado a Suecia, Dinamarca y Noruega. Los libros me hacen viajar en tiempo y espacio y las lecturas de este año me están conectando con el viaje maravilloso que hicimos el año pasado. Un viaje que hace años quise compartir con un miembro de mi familia y la añoranza y los recuerdos buenos me hicieron conectar de manera profunda con él a pesar de la imposibilidad por cuestión económica o familiar de hacerlo juntos.

Nunca sabemos cual va a ser nuestra circunstancia en el día de mañana o de pasado mañana, es mejor vivir el momento tal y como viene y dibujar al aire libre y la lectura me hacen conectar con esta parte viajera del espíritu.

En mi paseo matutino al parque del Palau Robert me encontré varias situaciones en las que me sentí turista en mi propia ciudad. Mientras dibujaba sentía que me estaba colando en los huecos del árbol donde anidaban las palomas, me hice pequeñita y las palomas parecían auténticos dragones sobrevolando un paisaje rocoso en alta mar.

Mientras acariciaba con mi pincel la corteza del árbol sentía que podía vivir entre sus ramas y establecer mi morada entre la suave brisa que agitaban sus hojas. Las florecillas de un arbusto caían sin descuidarse de desprender su aroma fresco y salvaje.

Había un papá y su hija que hablaban un idioma extranjero y me imaginé que eran noruegos que venían de visita y el padre estaba haciendo tiempo con su niña antes de entrar en un museo. Tal vez no era eso, pero yo lo quise creer.

Siento que dibujar lo que a ti te nazca y salir a la calle o al campo a observar hace que tu espectro se amplíe, y que a la hora de fijar momentos se ralentiza la agitada consecución de acontecimientos.


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