💌 Comunicación epistolar 💌 enero-febrero
Ya nos hemos olvidado de escribir cartas. En todos estos años de aislamiento forzado siendo ilustradora editorial, he priorizado el tiempo y la necesidad de paralizar y sacar tiempo al tiempo. Horas de sueño perdidas y redes sociales abandonadas.
Curiosamente algo lento como las cartas ha surgido desde diciembre sin darme cuenta escribiendo una carta a una amiga Bárbara López, para evitar tener que enviarle un wast up a altas horas de la madrugada. Era una cuestión baladí, le hacía una recomendación de un libro y sufrí una transformación sanadora de la que no me di cuenta hasta que acabé la carta.
Una carta no es un diario personal, es una comunicación en la que tienes que tener un lenguaje determinado y una letra determinada para que sea legible para la otra persona, es una entrega de amor.
En mi caso tardo más o menos media hora en escribir y una hora en decorar el sobre. Decoro los sobres porque lo he hecho siempre y porque me sirve de excusa para explorar otros aspectos pictóricos diferentes a mi trabajo que me ayudan a crecer como artista y a pensar en el destinatario y en las carteras o carteros que se encuentren con algo de color en el correo postal.
Envío 1/18/26
Escribir una carta analógica requiere sacar tiempo y un esfuerzo físico, otra cosa a diferenciar de la carta de correo electrónico es que el papel pesa, deja rastro y no es un envío gratuito. Mientras tecleas escribes bobadas, no te cansas ya que son mensajes cortos y da igual que cometas errores. El correo electrónico y las redes sociales han cambiado la inmediatez y la disposición de la gente. El me dejó en visto, no me coges el teléfono y demás sandeces serían motivos suficientes para dar motivos sólidos para volver a retomar el correo postal. La ansiedad, la comparativa y demás familia es un entorno tóxico a demás de robar tiempo y energía para centrarnos en lo principal. Familia, ocio y trabajo. Los que trabajamos en casa no estamos disponibles en todo momento, en mi caso tengo todas las notificaciones desactivadas desde pandemia 2020.
El tema del tiempo es algo que sencillamente lo he conseguido gracias a abandonar las redes sociales, y solo aparecer por trabajo, colocar mis publicaciones contestar rápidamente a las menciones y salir corriendo. Las cartas las escribo los fines de semana, una a la semana, tengo una lista de 19 amigas y familiares, así que cada una de ellas recibirá 3 cartas al año. Si recibo alguna carta de ellas, no están obligadas a responder, ese fin de semana escribiría 2, la que toca y la respuesta.
Si tengo tentaciones de perder el tiempo en internet, saco un libro. Los libros me dan temas de conversación en mis cartas. El tiempo lo saco antes de dormir, por la mañana al despertarme y al mediodía. En total son 2 horas y unas 50 páginas. Esas 2 horas son las que implicaba en redes sociales.
Al buscar destinatarias, fui a mi listín telefónico y me alarmé al darme cuenta que había a muchas amigas a las que no hablaba desde hacía mucho tiempo. Me di cuenta de manera trágica que había sustituidos las amistades de verdad, por las virtuales, aunque dentro de mi lista de destinatarias postales están Bárbara, Mónica y Priscilla que conocí precisamente en redes.
Llegada
Recibir una carta es un pequeño descanso dentro del aluvión de mensajes digital
Qué bonito se siente cuando en el correo hay un pedacito de alma de alguien a quien quieres mucho, mucho.
Puedes ser ñoña, desgarradora o crítica y siempre será algo que guardar con cariño. El acercamiento y el mimo de las cosas lentas. Querer a fuego lento y vivir con el desasosiego de pensar si llega o no la carta o dormirá junto al correo comercial sin que la destinataria piense que alguien se acordó de ella.
Es un propósito de entrega y comunión con mis seres más queridas.
Ilustración de la página 125 de Pedra de tartera il.lustrada de Maria Barbal.
Aquí os dejo con lo que fue mi inspiración para retomar este tipo de comunicación lenta.
Y aquí una canción de inspiración.
1/25/26
Suzette

