Sant Jordi oncológico 2026

Este Sant Jordi quería hacer un regalo al Centro Kalida de Sant Pau que tan bien nos cuidan a los acompañantes y pacientes de cáncer.

Llevo desde mis 14 años acompañando a parientes con cáncer, es alarmante que sea una enfermedad común que afecte a 1 de 3 mujeres y a 1 de 2 hombres, y aquí están mis pinceles al servicio de esta enfermedad.

 Quería hacer una larga exposición, no solo ilustrar a un Sant Jordi y a una princesa con cáncer lidiando con su enfermedad en forma de dragón. Ese es el tema básico que surgió tras largas conversaciones con mi hermana superviviente de cáncer de mama y actualmente metastásica desde hace 15 años. La reflexión va más allá del dibujo, ya que su elaboración ha sido arte terapéutico total.

 Ser acompañante oncológico es vivir con una contradicción constante porque quieres hacer sentir bien a la otra persona y consigues todo lo contrario, tu sentimiento genuino es interpretado como frívolo o que estás banalizando la enfermedad. Si dramatizas o te lo tomas muy a lo personal haces que la otra persona se inquiete con cosas a las que no había prestado atención y se sumen las angustias propias con las externas.

 A los pacientes no les gustan que les traten con condescendencia o quiten importancia a su calvario personal. Hay que dejarles su espacio, pero a la vez no excluirles de las rutinas. Es realmente agotador para los acompañantes a la vez que frustrante al ver que tus esfuerzos no ayudan o a veces complican las cosas más.

 Hay una cosa que me gustaría aclarar respecto a la figura de Sant Jordi, por si hay algún despistado o por desgaste del tiempo vamos perdiendo la perspectiva.

Me dirijo a la Legenda áurea en latín de Jacopo della Voragine, (1230-1298) que es el texto más antiguo que se conserva como Sant Jordi católico, ya que fue un héroe pagano de ficción o agrandado por la tradición oral y asumido posteriormente por el catolicismo. Su arquetipo es la victoria del catolicismo sobre el paganismo y la princesa como la Fe o la virgen María, ambas vírgenes, puras e inocentes.

 Cuento o no, Sant Jordi nació en la tradición oral, que es el origen de la literatura y es lo que yo intento con esta amplia exposición dar voz a una enfermedad que está más presente en nuestras vidas de lo que nos gustaría. Si queréis metemos aquí la rosa y sus espinas como arquetipo de la vida con sus más y sus menos, aunque creo que tratar el cáncer como un bachecillo o una piedra en el camino es resbalar estrepitosamente hacia el precipicio y no es esta mi intención. Banalizar.

 Antes de seguir os pongo un extracto de San Jorge en su versión más antigua. Es Sant Jordi el que se ofrece a ayudar a la princesa sin que ella lo pida, y es Sant Jordi que pide ayuda a la princesa haciéndola partícipe del triunfo del bien contra el mal con ayuda de su cinturón y su fuerza.

Por desgracia para muchas y muchos el dragón acaba venciendo. Estos seres amados no perdieron la batalla, eso es banalizar la enfermedad, el cáncer es la lotería que en el cuento catalán de Montblanc hace que la princesa se dirija a su exterminio.

 Os recomiendo el relato corto de Shrirley Jackson "La lotería" (en inglés: The Lottery), publicado en 1948  y aquí va la ilustración que hice antes de empezar con el cómic rodeada de rosas marchitas.

En el siguiente enlace tenéis más información.

No puedo dejar de mencionar a mi compañera Amaia Arrazola que seguramente este año habríamos coincidido en las firmas de Sant Jordi en la librería Atzavara,

Esta es una de las ilustraciones que hizo como colaboradora en el libro Reflejo de un compromiso en la visibilización del cáncer de mama.

Con lo mediática que era, si hubiera superado esta enfermedad habría hecho un papel excepcional en la prevención y la divulgación de esta terrible enfermedad.

 El año pasado hice fotografías del escaparate que decoró en la librería Atzavara en la que daba toda la vuelta la cola del dragón.

Ayyy, ahora me doy cuenta que está la terra dels núvols en el escaparate 😭

La prevención es una responsabilidad de todos y es lo que hablábamos el otro día una paciente y yo en el espacio Kalida de Sant Pau.

 Una hija que te dice que ese bulto detrás de la rodilla no es normal. Un marido que te dice de ir a sanidad pública, cuando en la privada te comentan que no te pueden hacer un PET-TAC porque no te lo cubre el seguro.

 Es nuestra responsabilidad tanto de los proto pacientes como la de los familiares y amigos. A veces no queremos ver que ese bulto del pecho que nuestro ser amado tenga sea acumulación de leche materna y nos convertimos automáticamente en el dragón. Mientras que los “alarmistas” son Sant Jordi que advierten y son conscientes que mejor es pillar al dragón como a una lagartija que como a un Tirannosaurux Rex.

 Si tu mismo banalizas tus síntomas te conviertes en el dragón automáticamente y es tristemente una reacción natural y normal. En esta enfermedad no hay culpables, no es el divorcio, o que te hayas quedado sin trabajo o la muerte de un familiar, o que te preocupas mucho por las cosas, es una lotería, una lotería macabra y cruel como en el cuento de Sant Jordi o el de Shrirley Jackson.

Antes de seguir con Sant Jordi y lo que representan para mi las láminas que he creado os quería mostrar las ilustraciones pasadas que hice pensando en mi hermana. Esta vez es un regalo global que incluye a las personas que nos dirigimos al centro Kalida buscando consuelo y acompañamiento en nuestros lances diarios.

 Después de estudiar 3 años filología eslava en el tercer año de carrera en moda escuela Bau nos dieron como tema “la muerte” para trabajar en nuestro desfile final de curso y es justo cuando mi hermana empezó con su cáncer de mama y masectomía a los 34 años. La muerte que yo veía era bastante macabra, la ropa y el cuerpo tras el paso del tiempo en un ataúd, ahora mirándolo con perspectiva veo que la enfermedad de mi hermana estaba bastante presente, ya que el pelo y las uñas no se desprenden del esqueleto pasado el tiempo.

 Hice unos gorritos como de bebé para adultos como para representar la cabeza sin pelo, en fin, duras épocas y duros figurines viscerales, llenos de recuerdos amargos.  

Pasados diez años mi hermana desarrolló metástasis y le hicieron varios tratamientos de quimioterapia y es ahí cuando nuestro desespero se hizo mayúsculo, le dieron de tres meses a tres años de vida. Yo le corté el pelo antes de su tratamiento con quimio y me atendió durante su tratamiento en mi embarazo de mellizos.

 Fue la etapa más prolífica que tuve y ya han pasado 15 años, y mi hermana sigue en la lucha gracias a Dios sabe quien, ¿la suerte?.

 Hice un cartel con personajes sin cabello tejiendo el lazo rosa del día del cáncer de mama. La oruga ahora mismo cobra todo el sentido del mundo. Creo que es un cartel bastante simbólico.

Cuando empezó a estar estable, 4 años tras su diagnóstico de metástasis hice un trabajo de lettering y qué curioso que el proyecto era enviar una postal por correo, un buzón que no ha resistido el paso del tiempo, actualmente los que escribimos cartas, tenemos que hacer gincanas.

 La sirena está de perfil, es amazona, el pecho del corazón es el que tiene mutilado, al igual que mi hermana que es mi heroína y una fuente inagotable de inspiración.

Y hasta el día de hoy que a pesar de los 2 PET-TAC anuales de mi hermana, no me había sentido motivada a divulgar sobre el cáncer. Las circunstancias y lo que transitemos cada uno no es lo importante, el dolor y la convivencia con esta enfermedad está muy presente.

 Hay familias más o menos afortunadas, pero en todas sabemos casos de amigos o familiares que están pasando por esto. No seamos un dragón que dice… ¿ya estás curada , no? Se te ve muy bien, eso significa que ya estás sana. Mira, si te ha crecido el pelo, ¿Ya estás mejor, no?. Ya verás que todo se quedará en un susto.

 Las palabras son innecesarias y no ayudamos a los afectados, solo demostramos nuestro temor, nos quitamos el problema de encima para eludir nuestra responsabilidad e infantilizamos a los pacientes oncológicos.

 Es dificilísimo “animar” a alguien en el que su mundo se ha puesto patas arriba y aunque tengan un “buen pronóstico” tienen todo el derecho del mundo a entristecerse y sentir rabia. Con nuestras “palabras de aliento” les dejamos solos y somos nosotros, los que aparentemente no padecemos la enfermedad, ya que nadie nos pueda confirmar que no la padeceremos, los que tenemos que mostrar templanza y entereza para acompañarlos y hacernos responsables de que el camino no les resulte solitario. Al menos cruzar el bosque con una linterna, porque cruzarlo hay que cruzarlo solos y a veces cualquier ayuda es poca o nula.

 La divulgación hace que se investigue más y que se salven vidas, hay supervivientes en mi familia que sin la medicación no hubiesen salido a flote, la más destacada mi hermana Belén. Mi padre tras años de haber sobrevivido a un cáncer le pidió el divorcio a mi madre que aceptó para poder pagar la medicación infructuosa de la hondureña Malena que en paz descanse. Mis padres lo intentaron, pero en el caso de Malena no hubo suerte. Curiosamente murió un 19 de octubre, el Día Mundial del Cáncer de Mama.

Arquetipos: La base del cuento como ya he mencionado antes es que Sant Jordi representa la cristiandad, el dragón los infieles y la princesa la Fe o la Virgen María. Caiga quien caiga Sant Jordi es un instrumento creado por la cristiandad, ya que junto con la princesa que lleva atado al dragón con su cinturón obliga a todos los habitantes del castillo a convertirse al cristianismo.

También hay otro tema que quiero destacar de la leyenda dorada y es la serie de calvarios y tormentos a los que fue forzado el santo para que renegara de su Fe.

Aquí os pongo algunos ejemplos, como también la quema de inocentes por parte de Sant Jordi a lo Cersei Lannister y Daenerys Targaryen con una tormenta de fuego, para los que os guste como a mi “Canción de hielo y fuego” de George R. R. Martin. Eran tiempos medievales, de divulgación a través del terror y las amenazas, ejemplos incómodos que te hacían creer por la fuerza o por el cuchillo como los reyes católicos en su reconversión.

En casa no les ha gustado nada saber que Sant Jordi fue el que conquistó las tierras de Palestina imponiendo la Fe cristiana ¿a fuerza de espada o tormentas de fuego?. No muy distinto de lo que estamos viviendo en la actualidad, utilizar la Fe como justificación de nuestra villanía y evitar responsabilidades. Yo soy creyente y me duele que se use la fe de manera medieval.

Por eso, como los tiempos van cambiando y ya he desplegado aquí mis artes de filóloga, voy a desvirtuar los arquetipos de la leyenda de Sant Jordi y los he adaptado al servicio de la lucha o mejor dicho, la convivencia contra el cáncer, ya que una vez aparece ya no podemos mirar hacia otro lado.

 

Dragón.

El dragón representa la amenaza, la enfermedad que sobrevuela nuestras cabezas. Puede bajar en cualquier situación y volver nuestro mundo del revés, es la oscuridad de la noche y la incertidumbre.

 Para mi el dragón representa la pandemia de la leyenda dorada y también la rabia, la indiferencia y el mutismo vergonzoso. Esa mirada con condescendencia, esas palabras vacías de algunos quitándose la responsabilidad de encima… Ya verás que todo se quedará en un susto y palabrería de garrafón.


He dibujado al dragón pequeño, lejano y no es frivolidad por mi parte es simplemente perspectiva. El dragón para los pacientes y acompañantes más afortunados es una lección, una segunda oportunidad.

Sobrevuela nuestras cabezas, y hay quien no lo ve o no lo quiere ver, pero ahí está con sus nubes negras, oculto tras la cegadora luz del sol cuando estamos felices. Cada día nos topamos con mujeres o hombres que lucen su pañuelo acompañando a sus hijos al colegio y la reacción normal es mirar para otro lado, somos patéticos. Dragones patéticos.

Por desgracia para otros muchos no, el cáncer es el infierno en la tierra, es el sudor frío, las náuseas y el duelo. Es el dragón monstruoso que nos abraza y asfixia con su aliento fétido hasta cobrarse con nuestra salud, no solo con un cáncer, sino con la apatía, la depresión y otros síntomas físicos derivados del abandono y la propia destrucción. Adictos a sustancias que nos hagan olvidar que estamos enfermos o que hemos perdido a un ser amado por culpa de un sorteo funesto. Cuando creemos que no nos quedan más lágrimas que derramar llegan más.

El dragón es la incertidumbre, son las largas esperas entre prueba y prueba, las citas con el “cacharro o el tubo” como le dice mi hermana en que te pueden dar la noticia que no quieres.

Estamos acostumbrados con las redes sociales a las respuestas inmmediatas y la enfermedad no es un dislike, es el triste despertar y darte cuenta que no habrá una mañana en que no tendrás que medicarte o ir al médico. Mañanas normales no habrán y como dice mi hermana…

Hasta que no lo admitimos, no podemos seguir adelante. El día que uno se encuentra bien hay que celebrarlo y sobre todo moverse, actuar y decirle a la cara al dragón que seguimos vivos.

La pérdida de un ser querido es eso también, es homenajearle viviendo y recordar y abrazarse a través del llanto o la rabia es tan válido como la sonrisa al acordarse de una anécdota graciosa.

Al dragón no se le puede vencer como hizo Sant Jordi ni someter como logró la princesa de la leyenda dorada con su cinturón, solo nos queda convivir con su eterna presencia. El cuento de Sant Jordi es una utopía, es eso un cuento al amor de la lumbre, una ilusión, una ensoñación que no es real.

Sant Jordi:

 La espada de Sant Jordi puede ser la aguja de la quimioterapia o las mil y una pruebas y terapias que sufren los pacientes, de ahí la herida abierta del guerrero.

 Sant Jordi para mi representa la responsabilidad y la situación angustiosa que la enfermedad o el dragón nos hace ser más conscientes.

 Se vincula a los pacientes de cáncer como luchadores o valientes y los supervivientes o crónicos los elogiamos y valorarmos hasta el infinitum, yo lo he hecho con toda mi buena intención y he herido a muchos. Mea culpa.

 En la época del primer cáncer de mi hermana un amigo mío también tuvo a su hermana enferma de cáncer. Hablábamos mucho hasta que su hermana murió y la mía seguía y seguía. Recayó con su metástasis y mi amigo dejó de preguntar por ella. Han pasado 22 años de todo aquello y su mirada es triste, pero nunca le doy la trágica noticia.

 El marido de mi hermana es periodista y después de que ella fuera dada de alta de su primer cáncer, mi cuñado hizo un artículo festivo y esperanzador. Le llovieron un montón de quejas de lectores y familiares de pacientes “derrotados” que le pusieron en su lugar.

 Es una enfermedad que a pesar de todos los avances médicos sigue siendo una lotería macabra, y no hay vencedores y vencidos. Dar ánimos es infantil y cruel. Dejemos de hacerlo por favor.

 Ir a Kalida de Sant Pau y escuchar los testimonios de pacientes y acompañantes como es mi caso, me da perspectiva y me hace estar presente en lo principal. El resto de circunstancias dejan de tener cabida y siento un estado de sedación cuando tengo una presentación o una entrevista. Mi éxito o fracaso profesional no son cosas que merezcan mi atención, solamente pagar facturas. El ego artístico me repugna cuando lo veo en otros y lo curo a base de lectura, dibujo y yoga, las redes sociales me ponen de mal talante y es cuando escribo cartas a mis amigas.

Princesa Violant.

 La he bautizado así por Violant d´Hongria que fue esposa de Jaume I el Conqueridor y su primera hija también Violant, fue esposa de Alfonso X el Sabio. La reina extranjera que tuvo muchísima participación política junto con su esposo Jaume I.

 Las rosas según la leyenda de Montblanc surgieron tras la muerte del dragón por el derramamiento de su sangre. El trigo es verde por esta época no mustio y marchito como solemos encontrar en los arreglos florales típicos de Sant Jordi.

 Las mangas del vestido de la princesa han sufrido los estragos de la moda del siglo XV. Me llamó mucho la atención en las clases de historia de la moda de Inma Urrea en la escuela de diseño Bau, el acuchillado. Algunos cronistas señalan que se debe a los soldados suizos quienes, después de su victoria sobre los borgoñeses, no pudieron ponerse los trajes de los vencidos por ser muy estrechos y, para remediarlo, le dieron cortes a la ropa para poder lucirla como trofeo.

 Esos cortes y mutilaciones recuerdan a las biopsias, mastectomías y demás extracciones que sufren los enfermos de cáncer. Heridas de guerra, es lo que dice mi queridísima hermana.

 La princesa no luce un busto, el vestido a esa altura está hueco.

 Las perlas que adornan su vestido representan la pureza o la medicina. La princesa tiene cara de circunstancias, no está contenta ni triste, tiene cara de preocupación. Para mi la princesa representa la parte serena de la enfermedad, la aceptación y la templanza, el acompañamiento y el mimo maternal.

 La princesa también representa para mi el sacrificio de víctimas inocentes como en la leyenda. La obediencia de la leyenda dorada cuando la princesa acepta los consejos del santo y amarra al dragón con su cinturón sin cuestionárselo.

 Es importantísimo no buscar por internet cuando nos dan un diagnóstico o un resultado, tenemos que obedecer con Fe ciega y abandonarnos a los consejos de los médicos. Los estudios de medicina no son aptos para cualquier persona y son arduos y complicados. Lo digo con conocimiento de causa, mi suegro y mi padre eran médicos y ambos sufrieron cáncer.

Siento tan larga perorata, pero quería dejar constancia de mis inquietudes y mis penas tras largos años de angustia y lo peor de todo es que aquí seguimos, no ha acabado y el dragón seguirá acompañándonos.

Anterior
Anterior

Novela gráfica, bande dessinée, comic book

Siguiente
Siguiente

Arte sacro