“Pedra de tartera” no es ficción, es memoria histórica.

Fosa de la Molina de Josepet, Pallars Sobirà, 11 muertos. Puente reflejado en la novela Pedra de tartera de Maria Barbal.

No es una fotografía bonita, es un recuerdo amargo. Es una fosa común de la guerra civil, un lugar que se menciona en la novela “Pedra de tartera”. Un lugar al que voy a menudo a presentar mis respetos.

Hace un tiempo me dijeron mientras trabajaba en la novela gráfica Pedra de tartera il.lustrada que considerara a Pedra de tartera como una ficción. Que lo tratara sin rigor, que viñetase sin cuestionar ni consultar el libro original. Me prometí que no le iba a hacer caso. Me lo prometí a mi misma y se lo prometí a las víctimas a las que da voz Maria Barbal en su novela Pedra de tartera.

Pedra de tartera fue una gran responsabilidad y como coautora junto a la magna Maria Barbal caía sobre mi nombre el peso de la rigurosidad de esta obra Pedra de tartera il.lustrada de la que ahora disfrutamos con orgullo de haber dignificado una vez más a las víctimas del Holocausto del Pallars.

Tal vez el que me hizo la afirmación aberrante de que me tomase esta obra mía (como coautora) a pitorreo, pueda despejar sus dudas si es que llega a leer esta web.

En el siguiente enlace tenéis más acerca de mi compromiso personal y moral con esta obra.

Lo que nos ocupa ahora es la justicia por la memoria histórica tanto en la novela como en la novela gráfica Pedra de tartera de Maria Barbal.

Vamos a empezar con aclarar el concepto de memoria histórica que gracias a la Democracia no es no solo un concepto sino una ley. Desde el 20 de octubre de 2022.

En España nos referimos a la guerra civil como memoria histórica y a sus víctimas silenciadas por el franquismo y la transición. Es que desde el 2000 los familiares empiezan a reclamar reparaciones al silencio impuesto, la incertidumbre y la impunidad de los verdugos.

En el siguiente enlace os alojo el artículo completo de Maria Barbal del 2011 referente a la memoria histórica y su reparación al trauma vivido en su familia a través de sus novelas, principalmente Pedra de tartera.

Mientras trabajaba en la novela gráfica, lo primero que hacía antes de dibujar de madrugada era leer artículos que me ayudasen a entender mejor el contexto de la obra de Maria Barbal y di con este preciado documento en el que os haré un resumen de lo más importante para esta entrada en mi lengua materna.

Las fotografías corresponden a los viajes que hice a las localizaciones y el contexto real de la novela que fueron base para algunas viñetas, que os pondré al final.

Cementeri de Montardit, lugar de memoria. Memorial democràtic.

Traducción y resumen del artículo de Maria Barbal Literatura: de la memòria particular a la reflexió general

Para mí, el objetivo fundamental de la escritura es comprender a través de la reflexión profunda un argumento.

Si mi padre o mi madre hubieran sido profesores de historia, y me hubieran hablado, de forma continuada y eficaz sobre los rigores de la Guerra Civil española, de sus muertos y de las demás consecuencias funestas, creo que nunca habría escrito una novela que centrara su argumento en este hecho. Pero mi caso es distinto. La Guerra Civil española ha sido el principal tema emocional de mi infancia y adolescencia; las palabras, que han completado el impulso de la escritura pensando en darle cuerpo, coherencia y sentido.

Pedra de tartera, publicada en 1985, fue la aceptación de la herencia de los hechos vividos por mis abuelos y mis padres y se me presentó como ineludible e inaplazable.

Cementiri de Montardit

Hay personas que, en una situación de punto de partida similar a la mía, desde jóvenes, evolucionaron hacia un compromiso político contra la dictadura franquista con la ambición de que el olvido no perdurara. Lo hicieron con su afiliación a partidos, o por adscripción a movimientos populares, a entidades, que tienen como objetivo la conservación de la memoria. Si bien el paso por la universidad, a mitad de los setenta, me permitió darme cuenta de que lo que había pasado en mi familia no era exclusivo y que, por tanto, no nos encontrábamos del todo solos en este circuito doloroso. Nunca fui capaz de comprometerme con nombre y apellidos, aunque seguía atentamente la actividad subversiva estudiantil y participé esporádicamente en manifestaciones y actos de protesta.

Lo cuento para evidenciar que nunca dejé de asociar posicionamiento político con peligro y hasta con desgracia. El miedo, interiorizado de una manera solidísima por transmisión de la generación anterior, me dominaba.

En enero de 1992, me encontré participando en un acto de homenaje a la escritora Montserrat Roig, muerta prematuramente. Ella había hecho un trabajo de memoria importante documentándose sobre los catalanes en los campos nazis, pero a mí me había interesado especialmente un libro suyo sobre la escritura, Digues que m’estimes encara que sigui mentida, y extraje de ella una frase del poeta Joseph Brodsky que ella escribía:

«Si hay uno acto de amor éste es la memoria».

Cementiri de Montardit

Ahora, al cabo de aproximadamente diez años, el sentido de memoria por mí se ha ampliado. Recordar el pasado, además de ganas de comprender, puede ser también ganas de sacar los colores al blanco silencio del olvido, al que infla el pecho desde esa posición y a quien se incomoda todavía al hablar de ello. Es decir, memoria es reivindicación y denuncia. En el Estado español, la llamada transición desde la dictadura a la democracia, que fue sujeta a las presiones del franquismo, entonces todavía dominante, por «no reabrir heridas» o por «no desvelar fantasmas del pasado» —cito la frase del poder—.

El hecho de no permitir vivir el duelo por los asesinatos de personas queridas hundió a las familias. En el caso de mi casa, la abuela, la madre y sus hermanos, contaron entre quienes no pudieron enterrar a mi abuelo.

Las guerras, como todos los hechos dramáticos con consecuencias generales, han inspirado desde siempre a las personas que escriben. Pero yo no viví la guerra. He nacido en 1949 y cuando tenía cerca de treinta años me encontré escribiendo una novela, la cual tenía de protagonista una mujer de la generación de mi abuela, una campesina de montaña con tres hijos. Cuando la mayor era de dieciocho años y el más joven de siete, la guerra les cambia la vida para siempre. Un caso entre los miles de casos; algunos más dramáticos, otros menos. Una piedra entre piedras.

Apuntes personales de la obra de Maria Barbal.

Este primer libro no se trata de unas memorias, no hay experiencia propia de los hechos que se relatan, es una novela porque dentro de un paisaje de base histórica en el que se sitúan elementos ficticios. Nombres de localizaciones, nombres de los personajes, diferentes características y hechos. Así borraba, en parte, los rastros de una crónica concreta, me distanciaba, aunque casi cada lector de Pedra de tartera sabe hoy que escribía sobre el Pallars y sobre el valle del río Ássua. Además, bastantes lectores conocen los pueblos donde los hechos descritos tuvieron lugar y hasta el caso concreto del que hablo en mi novela Pedra de tartera.

Al elegir la novela como medio narrativo nadie podría corregir mi texto por muchas ganas que tuviera. La novela no es exacta ni exhaustiva. Así pues, la responsabilidad sobre los datos que ofrece queda matizada.

El hecho de que mis padres fueran dos perdedores de la Guerra Civil, aunque con consecuencias de calibre diferente para cada uno, me obligó a recibir una herencia familiar que me encaminó hacia la escritura de ficción. Hoy mi punto de partida me parece ingenuo.

El inicio fue una cuestión, que, planteada en presente, es: ¿Cómo es que nadie habla de aquellas mujeres a las que han matado al hombre, al padre, al hijo, al hermano y, en vez de protección, de consuelo y de ayuda, ya que les han arrebatado una persona querida, (que además solía constituir el puntal económico de la casa), se encuentran malmiradas, ellas y sus familiares, y son condenadas a callar, a no levantar la cabeza?, ¿Siempre bajo sospecha? Reclamaba la memoria sobre ellas, sobre los hechos.

Pedra de tartera es una novela breve. Cuando la novela apareció en 1985 obtuvo el favor del público. Probablemente había todavía muchas Conchas dispersas en todo el país y muchos descendientes suyos que callaban.

Barcelona, 18 de marzo de 2011, Maria Barbal.

Hechos históricos, daño y reparación.

Ahora que ya estamos situados gracias a las palabras de Maria Barbal, me referiré a detallaros los hechos concretos a los que se refiere Maria Barbal en su novela y mi inspiración constante, sensible y doliente para la traducción en imágenes a través de la novela gráfica.

He revisionado una y otra vez los vídeos en donde aparece uno de los escritores del Pallars.

Mientras escribo esta entrada escucho las voces y testimonios vivos de los que ya no están, los hijos de los caídos.

Seguidamente haré un resumen en castellano del artículo de Tomàs García Espot en el “Pallars digital”, me vino muy bien porque justo hizo el reportaje coincidiendo con mi proceso de documentación.

El 15 de abril de 1938. La 62ª División del Cuerpo de Ejército de Navarra llega a Esterri d'Àneu y ocupa la mayoría del Pallars Sobirà. Quien la comandó fue el general Antonio Sagardía, un militar que ha pasado a la historia como el Carnicero del Pallars. Este triste apodo no es casual, ya que Sagardía fue uno de los principales responsables de la represión feroz y despiadada que sufrieron los civiles de la comarca. 
En total, durante aquellos meses trágicos 72 personas inocentes fueron arrestadas y asesinadas a sangre fría sin juicio previo. Sin embargo, Sagardía y sus soldados sólo fueron el brazo ejecutor. Tal y como explica el historiador Manel Gimeno en el libro Revolución, guerra y represión en el Pallars (1936-1939), quien denunció a aquellos hombres, mujeres, ancianos y jóvenes que serían fusilados. Fueron sus propios vecinos, que les señalaron entregando a las tropas franquistas las listas con sus nombres.

General Sagardiá en el centro como teniente coronel con sus dos estrellas en la galleta de la guerrera y en la gorra. Foto: ACPS.

El 4 de noviembre, se produjo un suceso que empezaría un nuevo episodio de represión sin piedad. Durante la madrugada, un grupo que soldados que hacía guardia en el puente de la Bastida fueron atacados. Solo hubo un superviviente. Tras interrogar a este soldado en el hospital de Tremp, el general Sagardía pronunció una frase que hacía aún más evidente su condición de hombre despiadado y sanguinario: "Fusilaré a diez catalanas por cada hombre muerto de mí guardia".

General Sagardiá en Rialp.

Fotografía hecha en el museu de la presó de Sort.

La amenaza del militar Sagardià se cumplió al pie de la letra. Ese mismo día, son arrestadas 11 personas provenientes de los pueblos de alrededor: Surp, la Bastida, Escàs, Altron, Bernui y Llessui. En este caso, la elección se realizó de acuerdo con sus antecedentes políticos. Sin embargo, llevaban poco tiempo saliendo de la cárcel de Lleida sin juicio ni castigo. No importaba, Sagardía quería vengarse. Fueron encerrados en el cuartel de la Guardia Civil de Rialp, desde donde pensaban que volverían a ser llevados a la capital del Segrià. Pero la realidad fue mucho más cruda, y todos ellos fueron asesinados a sangre fría en la Molina de Josepet.

Fosa de la Molina de Josepet, Pallars Sobirà, 11 muertos. Puente reflejado en la novela Pedra de tartera de Maria Barbal.

Acabo con esta imagen del puente que fue lo que debió de ver el personaje original que representa a Jaume en la novela Pedra de tartera, sin antes acabar de retratar al sanguinario teniente coronel Antonio Sagardía Ramos, que fue ascendido a general tras su holocausto en el Pallars Sobirà, y premiado para hacer de cara visible ante Alemania. Son imágenes atroces y es mi manera de hacer memoria histórica dando visibilidad a este genocida amigo de genocidas. Le falta sonreír en las fotografías.

Fuente: Wikipedia. CC BY-SA

General Sagardía debajo de la cruz gamada junto a Serrano Suñer, ministro de Franco, a Eugenio Espinosa de los Monteros, embajador franquista en la Alemania nazi, durante una visita al cuartel de las SS en Berlín en 1940.

Fotógrafía, Carlos Pérez de Rozas.

https://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Himmler_BCN.jpg

Himmler (sentado, tercero por la derecha y bizqueando) de visita en una checa, Barcelona, 23 de octubre de 1940.

El general Antonio Sagardiá Ramos con cara de triunfo resignado, la cara del verdugo, la cara de ulcerosa culpa, o al menos eso espero.

Diseñé las páginas que corresponden a estos hechos en función de la narración de Maria Barbal y la documentación recabada. Gracias al artículo de Tomàs García Espot en el “Pallars digital” mencionado anteriormente, supe que había habido un superviviente de la guardia del pont de la Bastida y que Sagardiá habló con él en el hospital de Tremp.

Fui rediseñando las páginas en función de la documentación que iba buscando, ya que como coautora con Maria Barbal, me debía a los hechos reales y a las palabras de la 53ª Premi d’Honor de les Lletres Catalanes, Maria Barbal.

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